Qué alegría da reencontrarse con amigas de toda la vida. De esas que (aunque no estén cerca) están siempre.
El martes desayuné con una de ellas que, por desgracia, ya no vive en Madrid. ¡Qué lástima!
Hicimos un "remember" entre té, café y croissants de esos que (en estas ocasiones) sientes que ni te van a engordar de la felicidad del momento. Bueno pues eso.
Nos dimos cuenta de que tenemos apodos casi todos los hombres (o chicos, en su día) que pasaron y pasan (y algunos que pasarán) por nuestras vidas.
No es necesario contar cada una de las historias que nos han pasado con ellos. De algunos (aunque pueda parecer que me las doy de vividora folladora, cosa que no es cierta) no recordamos sus nombres. Son apodos, situaciones o (lo que es aún mejor) frases que han dicho en momentos poco oportunos y que se grabaron en nuestra memoria como esas frases de carpeta de instituto (tipo: en la puerta de un colegio hay un charco y no ha llovido, son las lágrimas de X porque Y no ha venido....)
Para muestra, un botón:
Léase: El gafotas, el científico, Molero "el madero" , PÍO PÍO, "no no no , eso está probibido", "más nos vale" , "es el mejor helado que he probado nunca" , "Eres felina", Tío listo, El marinerito, "es lo que tiene que sea fugaz", Priscila.... y alguna más que me dejo en el tintero.
El caso es que el lenguaje entre amigas tiene su idioma particular. Entre tios también, pero es más fácil entenderles.
Señoras, señores, apoden , creen su forma personal de comunicarse que es muy útil y (sobre todo) muy divertido.
pd: otro día hablaremos de los apodos que los hombres usan para bautizar a su miembro y de (lo que aún me apesta más) los que nosotras usamos para bautizar a sus miembros.

