Ayer, de vuelta de un viaje con amigos, me quedé a dormir en casa de mi querida hermana. Allí, una de sus compañeras de piso (y también amiga) nos contó una "bonita" historia que no puedo no redactar.
Hablando de hombres, de chicos, de amigos, de amantes, de novios, salió a relucir que hacía poco había tenido compañía en casa.
A.D.R. nos contaba como, en un bar, conoció a un chico y se fue con él a casa. A la mañana siguiente, solo rezaba porque ninguna de sus compañeras estuviera despierta y el pobre muchacho se encontrase con tres pares de ojos acusadores recorriendo el pasillo de la habitación hasta la puerta de salida, posados en él.
Al llegar a la puerta y despedirse, por la cabeza de ella solo pasaba la frase "que no me pida el teléfono" y claro, tenía que pasar. Ya en el quicio de la puerta (él fuera y ella dentro) tuvo lugar esta conversación:
ÉL: ¿Me das tu teléfono?
ELLA: Ay! no puedo
Él: ¿Y eso?
ELLA: Es que me lo he dejado en la habitación.
Él: No, tu número.
ELLA: Ah! Igual no, ¡no?
Él: Sí, si, dámelo y te llamo algún día.
ELLA: Ah, bueno, vale, si eso...
Nunca más se supo. Como cabía esperar.
A esto, otra tercera amiga que estaba con nosotras , C.H. , salió de su letargo cervecil y dijo:
C.H._ A una amiga mía, una vez le paso eso, le pidieron el teléfono en la puerta , se giró cogió lo primero que pilló y le dijo:-Toma, un cd!- y cerró la puerta.
Conclusión: Ten cerca de la puerta algo de lo que quieras deshacerte, en estos casos es lo mejor: sorprendes y no das tiempo a reaccionar, lo justo para cerrar la puerta y que se den por aludidos (o aludidas)
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