martes, 17 de julio de 2012

La temida cobra

Muchos domingos por la mañana (o por la tarde) recapitulamos sobre el pasado fin de semana y nos damos cuenta de que pintaba de una manera y acabó de otra que no podíamos ni imaginar.
El plan puede ser salir a ligar, a bailar, a reír, a beber... da igual, el caso es que ya está "planeado" y normalmente lo mejor es cuando no lo organizas.

Mi amiga Raquel Esteban (a partir de ahora R.E) es una chica guapa, alegre , que ha estado mucho tiempo en una relación (convivencia incluida) y que ahora, por cosas de la vida, vuelve a estar soltera y acercándose a los 30.
El cambio a la soltería le ha venido genial: está más guapa, más delgada y hemos comenzado una "relación" cibernética de carácter "marujil", muy interesante.

Es de las pocas que saben que esto existe y tenía que contar su historia.
Pues bien, uno de esos días que no hay plan, su compañera de piso la animó a salir, a cenar algo. Por la hora que era se quedaron por el barrio y fueron a un bar-concierto a tomarse algo. Ese algo se convirtió en vinos, cañas y 3 gin tonics.

En la barra un chico la miraba interesado y ella, cual Greca borracha que se precie, allá que fue.
Hablaron, rieron, tontearon(vamos, el pre-coito de una noche perfecto), hasta que ella recordó que estaba "en esos días" y (con su pedo en todo lo alto) le comentó:
- Mira, yo ahora mismo me enrollaría contigo pero estoy con la regla
- Yo contigo también , pero paso de quedarme con las ganas.

Tras esta confirmación ella solo oía en su cabeza : yo también, yo también ... y allá que se lanzó cual kamikaze suicida a la boca de aquel pipiolo de barra de bar.
Él respondió con una cobra de esas que ni en matriz y ella huyo: digna pero indignada.

El domingo de reflexión, buscando apoyo en sus amigos (hombres) solo consiguió más risas y más mofas.

Que dura es la vida del reptil y cuanto daño hace (sobre todo a las mujeres).

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